El patrimonio cultural inmaterial
lo componen las manifestaciones culturales peruanas como el folclore, el arte popular, las tradiciones orales, la gastronomía, las ceremonias, las costumbres mágico-religiosas, las leyendas, las fiestas populares, la medicina tradicional, los saberes, las formas de organización social, el manejo de tecnologías y las lenguas que surgen o se enmarcan dentro de la República del Perú.
Una característica del patrimonio cultural inmaterial es que se transmite de generación en generación y es recreado constantemente por las comunidades que lo practican. Este patrimonio infunde un sentimiento de identidad y continuidad que contribuye a promover el respeto de la diversidad cultural y creatividad humana.
Patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad en el Perú
Desde el año 2001 la UNESCO inicia un programa denominado Obras maestras el patrimonio oral e intangible de la Humanidad. En el año 2001, el elemento "El patrimonio oral y las manifestaciones culturales del pueblo zápara" fue proclamado como integrante de la lista de obras maestras. Posteriormente en el año 2005, el elemento "El arte textil de Taquile" también fue proclamado integrante la lista de obras maestras. En el año 2008 las obras maestras proclamadas por la UNESCO pasaron a formar parte de la Lista representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
En el 2009, en el marco del artículo 18 (Registro de buenas prácticas de salvaguardia), el proyecto trinacional "Salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial de las comunidades aymaras de Bolivia, Chile y Perú" ingreso a formar parte de la lista del Patrimonio Inmaterial.
El año 2010, la danza de las tijeras y La huaconada de Mito, pasaron a formar parte de esta lista proclamada por la UNESCO.
El 22 de noviembre de 2011 la UNESCO proclamó al Eshuva (rezos cantados de la etnia Huachipaeri) como parte de la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial que requiere medidas urgentes de salvaguardia; unos días después, el 27 de noviembre, UNESCO declaraba a la Peregrinación al santuario del Señor de Qoyllorit'i como elemento integrante del patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad
Patrimonio oral y las manifestaciones culturales del pueblo zápara
El pueblo zápara son uno de los últimos sobrevivientes de un grupo etnolingüístico que antiguamente comprendía otras poblaciones en la amazonía. Han desarrollado una cultura oral rica en conocimientos de su entorno natural, esto se refleja en la abundancia de términos sobre flora y fauna, además de su conocimiento sobre la medicina natural (plantas curativas).
Su patrimonio oral también se refleja en sus mitos, rituales, prácticas artísticas, que a su vez representa la memoria de toda la región.
La proclamación del elemento "Patrimonio oral y las manifestaciones culturales del pueblo zápara" es compartida entre Ecuador y Perú, países entre los cuales se distribuye su población. Se considera a esta etnia en situación crítica y no se excluye el riesgo de extinción de la misma.
El arte textil de Taquile
El arte textil en la isla de Taquile se remonta a las antiguas civilizaciones prehispánicas que habitaron la zona.
Los tejidos se hacen manualmente o en telares de pedal. Las piezas textiles más representativas la conforman el chullo y el cinturón. El cinturón es también conocido como cinturón-calendario, pues en todo su ancho el poblador taquileño representa los ciclos anuales asociados a rituales agrícolas, esta pieza textil representa elementos de la tradición oral de la comunidad y de su historia.
Con el paso del tiempo, los diseños del arte textil de Taquile han introducido nuevos elementos e imágenes, pero a pesar de esto todavía se mantiene el estilo y las técnicas ancestrales.
La ㏑danza de las Tijeras La danza de las tijeras se ha venido interpretado tradicionalmente por los habitantes de los pueblos y las comunidades quechuas del sur de cordillera andina central del Perú y, desde hace algún tiempo, por poblaciones de las zonas urbanas del país. Esta danza ritual, que reviste la forma de una competición, se baila durante la estación seca del año y su ejecución coincide con fases importantes del calendario agrícola. La danza de las tijeras debe su nombre a las dos hojas de metal pulimentado, parecidas a las de las tijeras, que los bailarines blanden en su diestra. La danza se ejecuta en cuadrillas y cada una de ellas –formada por un bailarín, un arpista y un violinista– representa a una comunidad o un pueblo determinado. Para interpretar la danza, se ponen frente a frente dos cuadrillas por lo menos y los bailarines, al ritmo de las melodías interpretadas por los músicos que les acompañan, tienen que entrechocar las hojas de metal y librar un duelo coreográfico de pasos de danza, acrobacias y movimientos cada vez más difíciles. Ese duelo entre los bailarines, llamado atipanakuy en quechua, puede durar hasta diez horas, y los criterios para determinar quién es el vencedor son: la capacidad física de los ejecutantes, la calidad de los instrumentos y la competencia de los músicos que acompañan la danza. Los bailarines, que llevan atuendos bordados con franjas doradas, lentejuelas y espejitos, tienen prohibido penetrar en el recinto de las iglesias con esta indumentaria porque sus capacidades, según la tradición, son fruto de un pacto con el diablo. Esto no ha impedido que la danza de las tijeras se haya convertido en un componente apreciado de las festividades católicas. Los conocimientos físicos y espirituales implícitos en la danza se transmiten oralmente de maestros a alumnos, y cada cuadrilla de bailarines y músicos constituye un motivo de orgullo para los pueblos de los que es originaria

No hay comentarios:
Publicar un comentario